Queridos lectores míos, aquí os dejo la última parte del segundo capítulo. El tercero tardaré en subirlo unos días pero mientras tanto os iré dejando fragmentos de otras partes del libro para que os entretengaís.
Un besazo, espero que lo disfruteís
Al llegar a casa de los padres de Lucas, Teresa les esperaba en la puerta.
- Ya creí que no llegaríais nunca
- Es que hacer de pájaro es muy entretenido mamá
- ¿Cómo?- Teresa miró extrañada a su hijo mayor
- Tu hijo, que delira- Lucía sonrió- Hola Teresa
- Hola cariño- saludó a Lucía con un beso en cada mejilla- ¿cómo estás?
- Genial ¿y tú?
- No tan bien como tú, por lo que puedo ver- sonrió mientras abrazaba a Sergio- ¿lo pasasteis bien?
- Si mamá, comimos en el Burger y espantamos a las palomas- dijo Sergio eufórico
- ¿Otra vez hamburguesa?- Teresa miró a Lucas- cenó ayer eso, te lo avisé
Lucas se encogió de hombros.
- Mírala a ella, a mi no me digas nada
Lucía sonrió y levantó una mano.
- Mea Culpa
Teresa comenzó a reírse meando la cabeza mientras pasaba su brazo por los hombros de Sergio.
- Bueno, por una vez más
- Como se nota a quien quieres más ¿eh mamá?
- No digas tonterías hijo, pero si ya la habeis comido no puedo hacer nada
Lucía miró a Teresa sonriendo. Era una mujer tan natural que era imposible no fijarse en ella incluso en un bar abarrotado de gente. No es que no fuera una mujer guapa, sino que además era increíblemente atractiva. Tenía un aire juvenil que la hacía aun brillar más, y para nada aparentaba los casi cincuenta años que ya había vivido. Su sonrisa era contagiosa, tanto que a Lucía se le hacía muy difícil para de sonreír cuando estaba con ella. La admiraba. Mujer trabajadora, esposa y madre de dos hijos perfectos, graciosa, cariñosa, atenta... Si, era todo lo que Lucía soñaba llegar a ser algún día.
Lucas dio un beso en la mejilla a su madre y revolvió el pelo de su hermano para despedirse.
- Nos vamos ya, mamá
- Esta bien cielo, tened cuidado y pasarlo bien
- Si, tranquila. Mañana no puedo ir a buscar a Sergio, tengo que hacer unas pruebas para la universidad
- ¿Cómo te fueron las de hoy?
- Bastante bien, la verdad
- Me alegro cariño- sonrío- Bueno, adios Lucía, cuidate mucho cielo- dio dos besos a Lucía y esta sonrío
- Tú también Teresa, adiós Sergio- besó a Sergio en la mejilla y se despidió de ambos con la mano
Lucas caminó hasta fuera de la casa seguido por Lucía y al entrar al coche suspiro.
- Sois agotadores, estoy reventado
Lucía sonrío y le dio un beso en el cuello
- Ahora cuando lleguemos a casa te doy un masaje niñero
Lucas cerro los ojos sonriendo.
- Esa idea me parece genial
Arrancó el coche y se puso en marcha hacia su casa. Al llegar, Lucía tiró su bolso sobre el sofá negro del comedor, como solía hacer siempre que iba allí, y le miró sonriendo.
- ¿Preparado para el masaje?
Lucas se acercó a ella sonriendo y le rodeo la cintura con sus brazos.
- No puedes imaginarte las ganas que tengo- le dio un beso tierno y se quitó la camiseta- ¿Me tumbo en la cama?
- Si cielo, yo voy por el aceite al baño
Lucas se tumbo en la cama y se relajó mientras Lucía buscaba el aceite con aroma a vainilla que tanto le gustaba. Cuando lo encontró fue a la habitación y miró sonriendo a Lucas echado sobre la cama. Era tan apetecible para la vista. Se quitó los pantalones y se sentó sobre sus nalgas inclinándose un poco para darle un beso en la espalda. Lucas sonrió al sentir los labios de Lucía sobre su piel y cerró los ojos.
Lucía se pringó las manos de aceite y comenzó a pasarlas suavemente por toda la espalda de Lucas. Jugaba con sus dedos recorriendo cada centímetro de su piel, desde los hombros, siguiendo por toda su columna, hasta sus pantalones. Lucas suspiraba de vez en cuando mientras poco a poco se iba quedando dormido. Las manos de Lucía parecían un somnífero que le producía un estado de relajación tan potente que era inevitable conseguir mantenerse despierto. Lucía hacía un poco de presión al intentar masajear cada uno de los músculos de Lucas. Notar su piel tan pringosa debido al aceite y recorrerla poco a poco con sus manos hacía que sin darse cuenta un calor ya reconocido por ella subiera y bajara por todo su cuerpo hasta pararse justo en su entrepierna. Bajo sus manos hasta colocarlas a ambos lados de las caderas de Lucas y se inclinó hacía él.
- ¿Sabes que estás muy sexy así pringadito en aceite?- susurró
Lucas sonrío dándose la vuelta y atrajo a Lucía hacía si.
- Tú eres sexy con o sin aceite
Lucía rozó sus labios con los de Lucas.
- Vas a pringar la cama de aceite
- Shh
Y la besó. Y un beso llevó a otro. Y entre besos se deshacían de la ropa. Risas. Una caricia. Un muerdo. La mano de ella en la entrepierna de él, jugando con sus boxer, provocándole una excitación. Los labios de él mordiendo su cuello. Un suspiro. Los pantalones desaparecen. El roce y los jadeos se convertían en la melodía que acompañaba a ese amor próximo a ser consumido. Piel contra piel. Y otro beso, más largo, con más intensidad. Enlazan sus lenguas. El calor se hace más notable. Cada vez se aproximan más el uno al otro. Sus boxer esperan tirados en el suelo a ser recogidos, con la única compañía de ese tanga malva a juego con el sujetador. Otro beso. Y otro. Y otro. Y por fin, toda la pasión desahogada en jadeos y gemidos llenos de felicidad y cargados del más puro amor. Sus cuerpos sudorosos se mueven al compás. Sus respiraciones se agitan, pero no deja de ir acompasadas. Besos más profundos. Movimientos bruscos. Ya no son dos. Ahora son uno en otro. Juntos. Entregándose todo lo que tienen. Convirtiéndose en dos almas gemelas que desean quedarse así toda la eternidad. Un nuevo gemido. Más alto y contundente. Y calma de nuevo. Besos. Más besos y caricias. Ahora él la acurruca entre sus brazos. Ella apoyada en su pecho acaricia su costado. Ambos callan. No queda nada por decir. Todo está demostrado. Se va recuperando el ritmo normal de sus respiraciones. Sonríen.
- Lucas
Lucas bajó la vista y la miró.
- Dime
- Te quiero
Y entonces, Lucas sintió como una honda de energía recorría todo su cuerpo desde la punta de los dedos de sus pies hasta su cabeza. Te quiero. Le había dicho “te quiero”. Sabía que eso era un gran paso para ella. Sabía que sólo había sido capaz de decirlo una vez. Sabía que le quería. Se lo acababa de decir. Suspiró.
- Yo también te quiero
Lucía le dio un beso en el pecho y volvió a apoyarse en el.
- No lo esperabas ¿verdad?
Lucas sonrió.
- La verdad es que no, pero me ha gustado
- Quería decirtelo antes, pero me daba miedo...-jugaba con su dedo sobre el brazo de Lucas
- Lo sé. Yo no quería presionarte
- No lo has hecho- le miró
- Pero quizás al decírtelo primero si que...
- No. Te apetecía decirlo, porque lo sentía y lo hiciste. A mi me apetecía ahora, porque lo siento más que nunca y lo he hecho
Lucas sonrío y la estrechó entres sus brazos.
- Gracias
- ¿Gracias por qué?
- Gracias por existir
. M A R G A R I T A S . D E . P A P E L .