Aquí os dejo la parte del segundo capítulo de hoy, espero que os guste.
Media hora más tarde Sergio corría tras las palomas del parque mientras Lucas y Lucía paseaban cogidos de la mano.
- Estás muy callada- Lucas apretó suavemente la mano de Lucía y esta levantó la mirada del suelo
- Lo siento- sonrió
- ¿Te ocurre algo cielo?
- Sólo pensaba- Lucía se encogió de hombros
- ¿Qué pensabas?
- Pensaba en nosotros
Lucas paró de golpe y la miró serio.
- ¿Pasa algo Lucía?
Lucía le rodeo con sus brazos sonriendo y le dio un beso en la mejilla.
- ¿Qué iba a pasar? Pensaba en lo a gusto que me siento a tu lado y en todo lo que significas para mi
Lucas sonrío relajándose. Por un momento había creído que Lucía podría estar replanteándose su relación y el miedo le había invadido por completo hasta el punto de no poder ni seguir moviendo las piernas. Pasó sus brazos por la cintura de Lucía y la miró a los ojos.
- ¿Y qué significo para ti?
- Más de lo que tú te crees- le dio un beso corto
- Eso no es una respuesta, al contrario, me da más incertidumbre
- Me gusta hacerme la misteriosa
- No lo dudo
Lucía se rió y lo volvió a tomar de la mano tirando de él.
- ¿Qué hora es ya?
- Como cambias de tema ¿no?
- ¿Yo? Si sólo lo digo porque tendremos que llevar a tu hermano a casa ¿no?- sonrío más
Lucas miró su reloj y suspiro meando la cabeza.
- Eres agotadora
- Lo sé, me gusta serlo
Lucía salió corriendo y espantó a todas las palomas que perseguía Sergio que a su vez también comenzó a reírse mientras corría detrás de ella. Lucas los miraba a los dos sonriendo. Eran tal para cual. Uno en chico, otra en grande, pero iguales.
La gente que pasaba por el parque les miraba asombrados entre tantas carreras y gritos, pero ellos parecían no percatarse de nada que no fueran las palomas. Lucía miró como una de ellas echaba a volar hacia el cielo y la siguió con la mirada deseando poder tener alas para poder volar a su misma altura. Como si Sergio la hubiera leído la mente comenzó a agitar los brazos.
- Soy una paloma, soy una paloma
Lucía empezó a reírse a carcajadas y lo imitó
- Soy un gorrión, soy un gorrión
Un niño pequeño de unos ocho años se paró en frente de ellos a mirarlos sorprendido. Lucía le miró y sonrió.
- ¿Y tú? ¿Qué eres?
La cara del niño se puso colorada como un tomate y bajó la mirada al suelo mientras levantaba polvo con los pies.
- Yo... no sé que soy
- Te voy a decir lo que eres- se agachó hasta quedar a su altura y lo cogió de las manos- eres un águila real
El niño sonrío y empezó a agitar los brazos también.
- Soy un águila real, soy un águila real
Los tres reían soñando con ser aves y volar lo más alto que pudieran. No importaba el destino, sólo volar y volar hacía un mundo nuevo lleno de cosas por descubrir. Cosas que quizá nadie más lograra ver. Cosas que fuera únicas. Tanto como ellos.
Cuando Lucas pudo conseguir parar de reírse y hablar con claridad se dirigió hacia ellos.
- Soy de la unidad de cuidados intensivos del psiquiatra de Finisburry, vengo a llevarme a dos paciente que se han escapado de sus habitaciones
Lucía corrió hacia él y se subió a sus hombros.
- Yo necesito que me haga un seguimiento especial doctor- le susurro al oído
Lucas sonrío mordiéndose el labio.
- Sergio, nos vamos. Mamá me ha llamado hace un rato para que a las siete estuvieras en casa
Sergio caminó cabizbajo hacia ellos.
- Jo... me lo estaba pasando bien
Lucía bajó de los hombros de Lucas y lo cogió de la mano.
- El próximo día hacemos de monos, ya veras que chulo está eso de subirse en los árboles y gritar como Tarzán
Sergio sonrió de oreja a oreja y Lucas pasó un brazo por los hombros de Lucía. Caminaron hasta el coche charlando sobre si Tarzán era un mono muy desarrollado o un humano poco crecido intelectualmente y una vez dentro volvieron a cantar las canciones que salían en la radio mientras Lucas les rogaba que pararan de una vez.
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