miércoles, 9 de febrero de 2011

Eric


Queridos Margaritos:


Tras el tercer capítulo vuelvo a las andadas. Textos de capítulos futuros que os puedan gustar. O no. ¿Quién sabe?




Era como el trago más largo de una botella de Tequila. Llamativa. Tentadora. Ardiente. Un vicio al que cualquiera querría engancharse. Locura hecha delirio. Embriaguez en su máximo apogeo. La droga sofisticada que te pierde en el laberinto de los deseos. El humo de su cigarro creaba corrientes de desenfreno y el sonoro clack de sus tacones funcionaba mejor que el mismísimo flautista de Hamelín. Incontrolable como los días de lluvia. Perspicaz ante cualquier situación caóticamente opaca. Cuando se dejaba ver por las calles hasta el murmullo se callaba para ver el contoneo de sus caderas de acera en acera. Sonreía y propagaba la corriente eléctrica a toda la ciudad. Y, qué decir de la breve subida y bajada de sus pestañas, o del ligero movimiento de sus rizos negros , que rompía cuellos por doquier. No había alma que pudiera controlar ese espíritu jovial ni su belleza implacable. Los nervios afloraban a cada gota de sudor que mojaba su blanca frente. Brillante. Mágica. Compleja en su sencillez. Y blanca, que no pura. Blanca como las sábanas en las que se fundía cada noche impregnadas de la fragancia a lavanda que adornaba su piel.

domingo, 6 de febrero de 2011

Tercer capítulo (última parte)

En la puerta de su casa cogió aire y sonrío. Lo había conseguido. Ahora sólo le quedaba pensar un plan para compensar a Aaron por no poder quedar esa tarde con él.
Mientras caminaba por la calle vio a su hermano sentado en un banco con Mélani al otro lado de la calle. Agachó la cabeza para hacerse la loca y continuó caminando. A Eva nunca le había caído del todo bien Mel. Era demasiado inmadura y picajosa para su hermano, siempre gritando y riendo escandalosamente. La sacaba de sus casillas. Con quien si se había llevado bien era con la otra novia de Eric, Lucía. Lástima que su hermano rompiera con ella y dejaran de verse. Le hubiera gustado llamarla en un momento tan duro como el que debió de suponer para ella la ruptura con su hermano, pero Eric le prohibió tajantemente cualquier tipo de relación o conversación con Lucía.
En otro momento, Lucía no habría hecho caso del pesado de su hermano, pero acababan de pasar por una época muy mala en su familia y Eric parecía el más afectado de todos, por lo que, por una vez en su vida, respetó la decisión de su hermano y no volvió a hablar con ella. De vez en cuando Lucía llamaba a su teléfono móvil, pero ella lo dejaba sonar y sonar hasta que la luz volvía a apagarse en señal de que al otro lado de la linea telefónica Lucía había pulsado la tecla roja de su móvil. Y ahora volvía a estar con Mélani, la pesada e irritante Mélani. No sabía que veía en ella. Para su gusto, tan si quiera era guapa. Pero, como dice el dicho “sobre gustos no hay nada escrito” y lo cierto era que desde que había vuelto a empezar con Mélani, Eric había vuelto a ser, más o menos, el de antes. Por eso Eva se alegraba de que Mel hubiera vuelto a aparecer en la vida de su hermano y de que hubiera sido capaz de sacarlo de esa depresión por la que había pasado. No había sido una buena época para ninguno de los dos, pero Eric se había tomado todo mucho peor de lo que ella lo había hecho, y no fue capaz de salir adelante hasta que volvió a ver a Mélani.
Mientras pensaba en las relaciones de su hermano, Eva caminaba despacio sin saber que esa tarde podría acelerarse el ritmo de vida a cien por hora.

sábado, 5 de febrero de 2011

Tercer capítulo (cuarta parte)

Eva tenía el móvil en la mano. Estaba intentando pensar qué podía ponerle en el mensaje a Aarón. No quería mentirle, pero tampoco quería que se enterara de que iba a ir a una cita doble, aunque sólo fuera por echar una mano a Tatiana.
Escuchó como Eric salía de la habitación y miró su reloj. Eran las cinco menos cuarto, si no quería llegar tarde debía escribir ya el mensaje y empezarse a preparar.
Comenzó a teclear. Las letras aparecían y desaparecían por arte de magia en la pantallita de su móvil.

Mi amor! Tengo muxiximas ganas de verte, pero esta tarde no puedo kedar contigo, he kedao con Tati para ir a comprar unas cosas, perdoname. Te Quiero

Releyó lo que había escrito. No era nada del otro mundo, pero si suficiente para que no se preocupara. Buscó en la guía del teléfono el número de Aarón y le dio a enviar.
Bien. Trabajo cumplido. Ahora debía comenzar a arreglarse. Su medía estaba en tres cuartos de hora así que ya llegaba tarde.
Se agarró sus rizos castaños en una coleta para dejar la cara libre y comenzó a maquillarse mirándose al espejo.
Un poco de polvos por aquí, un poco de corrector por allá. Perfiló sus ojos con un lápiz negro para iluminar más sus pupilas oscuras y cubrió sus pestañas con rimmel para intensificar la mirada. Por último se echó un poco de colorete rosado en las mejillas y brillo de labios transparente.
Se observó durante unos instantes en el espejo y asintió satisfecha con el resultado. Cogió la ropa que antes había dejado en la cama y se desvistió sin dejar de mirarse al espejo.
Una vez en ropa interior contempló su cuerpo desnudo. No le gustaba. Sus muslos eran demasiado gordos para su gusto a pesar de que todo el mundo intentaba convencerla de lo contrario, sus pechos demasiado exuberantes para lo bajita que era, y su vientre en lugar de ser plano como el de las modelos que salían en las revistas que leía, ser curvaba hacia fuera haciéndole una ligera barriga. Suspiró y apartó la mirada. Se puso la ropa limpia lentamente y volvió a contemplarse. Vestida ganaba mucho más, o eso creía ella. Se desató la coleta dejando caer su pelo a ambos lados de la cara y se lo atusó un poco. Cogió su colonia con olor a frambuesa y se echó dos toquecitos a ambos lados del cuello. Lista. Miró la hora de nuevo. Aun le quedaba media hora para llegar tranquilamente a casa de Tatiana.
Cogió su bolso pero justo antes de salir por la puerta de la habitación su móvil vibro. Un nuevo mensaje le había llegado.

Q tienes q comprar exactamente? Quiero verte, aunque sea mas tarde. Te Quiero

Eva se mordió el labio sentándose en su cama. ¿Y ahora que le decía? Seguramente la tarde se alargara y hasta por la noche no llegaría a su casa. No podía llegar a las once y volver a salir a sus anchas como si no dependiera de nadie, su madre no se lo iba a permitir.

Unas cosas xra el colegio. Yo tb quiero verte, pero creo que hoy no va a ser posible. Te Quiero

Espero unos segundos y su móvil volvió a vibrar.

Esas son las ganas q pones por esto. Me parece genial, queda con tu amiga y ya vere si mañana puedo o no quedar yo.

Se sentía francamente mal, tanto que hasta estuvo a punto de llamar a Tatiana para anular sus planes pero, en el momento en que iba a marcar su número, esta se adelantó.

- ¿Si?
- Eva tía ¿Dónde te metes? Te dije que te pasaras por mi casa a las seis para ayudarme a elegir la ropa
- Lo sé, te iba a llamar ahora mismo. No puedo ir
- ¿Qué? ¿Por qué? No puedes hacerme esto Eva por Dios
- Aarón está enfadado porque no puedo verle hoy y yo le he mentido. Me siento mal, le he dicho que me iba contigo a comprar una cosas para el colegio y eso no es verdad Tatitana
- Siempre igual, y sólo llevas dos semanas con él no quiero imaginarme como será cuando llevéis más tiempo. Es un posesivo
- Si, sé que no tiene por qué enfadarse por eso, pero esa no es la cuestión. El caso es que le he mentido
- No lo has hecho. Le has dicho que vas a quedar conmigo y eso es verdad. Que luego yo me encuentre con dos amigos es otra cosa
- Sabes que eso no es así
- ¿Y qué? Pero él no. Eva de verdad tengo muchas ganas de quedar con Marcos, te lo pido por favor, haré lo que tu quieras si vienes

Eva no sabía que hacer. Sabía lo importante que era para Tatiana que ella acudiera a la cita, eso la daría vía libre para perderse con Marcos mientras ella hablaba con Luís, pero no sabía que hacer con Aarón. Respiró hondo.

- Tatiana me vas a hacer los deberes de inglés durante el resto del curso

Al otro lado del teléfono se escuchó un grito de alegría.

- De inglés, de mates, de lengua... ¡de lo que quieras!

Eva río. No sabía si estaba haciendo lo correcto, pero desde luego estaba ayudando a Tatiana, y eso era lo que le importaba.

- Bueno, te cuelgo que sino no voy a llegar nunca a tu casa
- Si eso, y corre que ya me visto yo sin tus consejos
- Hasta ahora tonta
- Date prisa

Eva colgó el teléfono y volvió a enviar otro mensaje a Aarón.

Lo siento de verdad, prometo compensarte. Te Quiero

Volvió a coger su bolso y se dirigió al comedor donde su madre veía la televisión.

- Mamá me voy ya

Su madre no pareció escucharla, seguía mirando la televisión atentamente. Eva le puso la mano en el hombro y esta se asustó.

- Hija, que susto. ¿Qué quieres?

Eva río. Cuando su madre veía la televisión no había ser humano o extraterrestre en la tierra que fuera capaz de sacarla de aquel trance. Parecía que la hipnotizaba y siempre que la llamaban hacía caso omiso de ellos.

- Que me voy ya
- ¿Que te vas? ¿A dónde? No puedes salir
- ¿Por qué no puedo salir?
- Porque mañana tienes clase
- Ya, y si no salgo ahora no podré ir mañana a clase mamá. He quedado con Tatiana para ir a comprar un material que nos han pedido en el instituto para hacer un trabajo

Su madre frunció el ceño. Genial, no la creía.

-¿De qué es el trabajo si se puede saber?

Reflexionó durante un instante. ¿Qué podía decir? Su madre siempre tan preguntona, debía habérselo imaginado y así hubiera ido preparada a tal interrogatorio.

- De filosofía- dijo al fin

Pero su madre no se dio por convencida.

- ¿Y qué tenéis que hacer?

Perdida. Así estaba Eva en esos momentos. Como odiaba tener que mentir. No se le daba nada bien y para colmo su madre había nacido para ser policía y nunca se le escapaba nada.

- Pues aun no lo sabemos. Nos ha dicho que llevemos mañana una cartulina grande, rotuladores, tijeras y pegamento
- Entonces puede que sea un collage

Eva dio respiró aliviada. Se lo estaba empezando a creer.

- Si, supongo
- Bueno puedes ir, pero no quiero que vengas tarde
- Después seguramente vayamos a casa de Tatiana a estudiar inglés, la semana que viene tenemos un examen, lo dije durante la comida
- No lo escucharía
- Pero lo dije
- Está bien, está bien. A las nueve te quiero aquí
- Si veo que no llego te llamo

Y sin dejar que su madre replicara le dio un beso en la mejilla y se escabulló del salón corriendo hacia la salida. 

jueves, 3 de febrero de 2011

Tercer capítulo (tercera parte)

Mientras tanto, Eric estaba tumbado en su cama mirando hacia el techo mientras escuchaba música.
Había quedado a las 5 con Mel y aun quedaba una hora. Ese día no les habían mandado muchos deberes en clase y prefería descansar un rato y hacerlos por la noche.  Pensaba en Mel, en su relación, en cómo había cambiado todo desde que volvieron a empezar a salir. Su traición le había dolido mucho pese a que por aquel entonces ya no sentía lo mismo por ella que en un principio, y aun le costaba confiar en ella del todo. La verdad es que su separación le había hecho darse cuenta de que, en realidad, Mel no era su prototipo de chica.
Todo había comenzado el día que Mel le presentó a Lucía y a Javier. Lucía era una vieja amiga de Mel y Javier un amigo de esta. Al verla, Eric había sentido como el estómago le daba un vuelco. Era una chica muy atractiva, pero lo que más le llamó la atención era la naturalidad con la que hablaba y su sonrisa. Poco a poco y sin darse cuenta, Eric fue enamorándose de Lucía sin que ella lo supiese. Era su secreto, y jamás nadie debía enterarse ya que no quería hacer daño a Mel. Pero los sentimientos lo cambian todo, y aunque el no quisiera, su relación con Mel fue enfriándose con el paso del tiempo. Dejó de existir ese brillo en la mirada, sus besos cada vez eran menos dulces y más rápidos, no la abrazaba, no sentía mariposas en su tripa y ni si quiera tenía ganas de quedar con ella para verla. Además, el hecho de que consiguiera el número de Lucía y la llamará no facilitó las cosas con Mel. Las conversaciones telefónicas cada vez daban más de si e incluso alguna vez quedaron para ir a tomar una cerveza. A Eric le encantaba esa chica, no tenía duda de ello. Aun no la conocía del todo pero sabía que tenía que rozar la perfección con las yemas de sus dedos. Era graciosa, cariñosa y confidente.  Una de esas tardes que quedaron, Eric se desahogó con Lucía contándole cómo iban las cosas con Mel. Ella lo escuchó en silencio y cuando acabó de contar la historia le aconsejó que siguiera su corazón para poder ser feliz completamente. A partir de ese momento algo cambió entre ambos. Se llamaban y se veían más a menudo, siempre como amigos, aunque ambos eran conscientes de la tensión sexual y el sentimiento que flotaba en el aire y que día a día iba creciendo.
Mélani no era tonta, y percibía perfectamente como Eric se iba alejando de ella sin que pudiera evitarlo. Se sentía tan impotente por no ser capaz de llamar su atención que incluso llegó a emborracharse e ir a buscarlo a su casa en plena noche gritando que lo amaba y despertando a todo el vecindario. Eric no podía seguir así. Lo que sentía por Lucía cada vez era más fuerte y cuanto más tardara en hablar con Mel más daño le iba a hacer, además esa chica le agobiaba muchísimo. Una noche que quedaron para ir a dar una vuelta, Eric se armó de valor para contarle que ya no sentía lo mismo por ella, pero, justo en el momento en que iba a empezar a hablar, Mel paró en seco y desvió la mirada hacia el suelo.

- Tengo que hablar contigo Eric...

Eric la miró extrañado. ¿Habría hablado con Lucía y esta le habría contado todo sobre las llamadas telefónicas y las quedadas?

- Yo también quiero decirte algo
- Déjame decírtelo primero, porque sino no voy a ser capaz
- Está bien- se resignó Eric. Ya estaban todas las cartas en juego- Dime
- Bueno... ¿Te acuerdas de Lucía y de Javi?
- Si, me acuerdo - ¿cómo no se iba a acordar? Estaba en proceso de enamoramiento de Lucía, pero ¿Mel sabía eso?
- Pues... Eric, no sé que nos ocurre, pero cada día te noto más alejado de mi y eso me duele mucho. No sé, tengo muchas cosas en la cabeza, pero me he portado muy mal contigo

Eric comenzó a sentirse mal. Ella no era la que se había portado mal con él, era justamente al contrario. Él era el que había quedado con otra chica a sus espaldas, que para colmo era su amiga. Si, no habían hecho nada, pero él deseaba besarla a cada momento y se retenía por el simple hecho de no fallarle a Mel.

- Tú no te has portado mal conmigo Mel, no digas tonterías. Es verdad que estoy distanciado de ti, pero es que es lo que te quería decir... no sé si siento lo mismo que sentí cuando empezamos con todo esto

Mel suspiró y una lágrima rodó por su mejilla. Eric la apartó con cuidado y la miró fijamente a los ojos. Se sentía fatal al verla así, pero creía que era mejor ser sincero.

- No llores por favor
- Eric, me he acostado con Javi

Shock. ¿Cómo? ¿Había escuchado bien? No podía creer lo que estaba oyendo. Él sintiéndose mal porque había estado quedando con Lucía y resulta que su novia se había acostado con otro.

- ¿Qué?
- Yo... lo siento de verdad Eric, no sé cómo ha pasado. Te notaba raro y me sentía mal, pensé que había dejado de atraerte y necesitaba hablar... fui a buscar a Lucía el otro día para desahogarme pero no estaba en casa y en el camino de vuelta me encontré con Javi. Me vio llorando y me ofreció tomar una copa en su casa...
- Y de paso un buen revolcón entre sus sábanas ¿no?
- No seas así por favor... - comenzó a llorar más
- ¿Que no sea cómo Mel? Me acabas de decir que te has acostado con otro tío y pretendes que te de una palmadita en la espalda y te diga “todo bien, no te preocupes”. Pues lo siento, pero no voy a hacer eso
- Yo no quería, de verdad... Pero estaba tan mal ese día

Eric no cabía en si. Todo se le había venido encima en un momento.

- ¿Y te sentiste mejor después?
- No, todo lo contrario
- Faltaría más
- De verdad que lo siento Eric

Eric miró fijamente a Mélani. Parecía realmente afectada, pero eso no borraba el hecho de que se había acostado con otro estando con él. Podría aguantar muchas cosas, pero si de algo estaba seguro es que no iba a consentir tener cuernos. La fidelidad era un aspecto esencial para él en una relación. Como todo el mundo, Eric también había vivido situaciones en las que una chica guapa se le había acercado con la intención de coquetear con él, pero si estaba con una persona se volcaba al cien por cien. Por muy mal que fueran las cosas, lo último que se pasaría por la cabeza sería engañar a su pareja. Suspiró.
Mélani lloraba en silencio. Tampoco ella sabía que decir o hacer. Sabía que lo había hecho mal, muy mal, pero se sentía tan impotente viendo como Eric tan si quiera la tocaba con pasión que al darse cuenta de la forma en que la miraba Javi no pudo resistirse. Necesitaba sentirse deseada.

- Mel, esto no funciona. Ya no funcionaba desde hacía un tiempo, pero ahora, después de todo, yo no me veo capaz de seguir luchando por esto
- No me digas eso por favor... -se limpió las lágrimas de las mejillas- Yo te quiero, no quiero perderte, no puedo estar sin ti, te necesito
- El problema es que yo ya no siento lo mismo, y aunque no hubiera pasado esto que ya colmó el vaso, tarde o temprano hubiera hablado contigo para decirte que no podía seguir. De hecho, hoy venía con esa intención... y ahora estoy más seguro aun
- Entonces ¿Ya está? ¿No puedo hacer nada para que me perdones?
- Sabes de sobra que esas cosas no puedo olvidarlas...

Después de ese día nada volvió a ser igual entre ellos. Pero, hacía cinco meses, tuvo una época tan mala que al volverse a encontrar con Mel olvidó de cierta manera todo lo sucedido y se aferró a ella con todas sus fuerzas. Con mucha paciencia y a base de cariño, Mélani le ayudó a salir de esa fase depresiva en la que había caído sin darse cuenta, y por eso mismo le estaba tan agradecido. Nunca había vuelto a confiar tanto en ella como lo había hecho la primera vez, pero el hecho de que le tendiera la mano después de todo en ese instante hizo que su ternura por ella volviera a nacer.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Tercer capítulo (segunda parte)

Durante el camino a casa no dejaba de pensar en cómo iba a decirle a Aarón que esa tarde no podría quedar con él para que no se diera cuenta de que le estaba mintiendo. Lo mejor sería mandarle un mensaje de texto, ya que cuando mentía la voz le titubeaba tanto que era imposible no darse cuenta de que no decía la verdad. Si, eso era lo más sencillo. Cuando llegara a casa pensaría que le podría poner. Mientras andaba, Eva hacía gestos con la cara y las manos como si estuviera hablando con otra persona a pesar de que sólo estaba ella en la calle. Al darse cuenta de este pequeño detalle se puso sería y miró a ambos lados para confirmar que nadie había notado ese fugaz destello de locura suyo y al no ver a nadie más continuó caminando poniéndose derecha.
Cuando abrió la puerta de su casa su madre la estaba esperando.

- Eva hija, siempre tarde. Tu hermano llegó hace un cuarto de hora por lo menos. Vamos la mesa ya está puesta y la comida servida, seguro que ya se ha quedado fría

Eva camino despacio hasta su habitación. Siempre que llegaba del instituto, su madre la recibía con la misma frase. Ella tampoco creía que llegara tan tarde. El camino la llevaba más o menos media hora y si se entretenía a la salida con alguien hablando quizá podría tardar un poco más, pero eso pasaba pocas veces. Dejó su mochila sobre la cama y fue hacia el comedor. Su hermano y su madre ya habían empezado a comer. Ocupó su sitio en la mesa y miró su plato con desgana. No tenía hambre y mucho menos de judías verdes.

- ¿Vas a hacer algo hoy enana?

Levantó la vista del plato y dirigió la mirada hacia su hermano. Eric era un año mayor que ella pero iban juntos a clase. Un problema con una úlcera de estómago provocó que el chico tuviera que repetir cuando estaban en cuarto y desde entonces no sólo tenía que verlo en casa, sino que también debía estar junto a él seis horas seguidas en el instituto. No es que se llevaran mal, normalmente compartían buenos momentos, pero a Eva la situación de su casa le agobiaba un poco y el hecho de tener que ir a clase (uno de los pocos momentos en los que podría despejarse,)con su hermano la hacía agobiarse más aun.

- Quedé con Tatiana para estudiar el examen de inglés del viernes

Los ojos verdes de Eric, heredados de su madre, se posaron el las pupilas negras de Eva, idénticas a las de su padre. Que él recordara ese viernes no iban a tener ningún examen de inglés, y si lo tuviera, él también necesitaría unas clases extras, este año no lo llevaba muy bien.

- ¿El examen de inglés?
- Si, ese que nos pusieron la semana pasada

Eva echó una mirada de súplica a su hermano.

- Ah, ya sé. Yo lo llevo bien, o eso creo
- Eric, si no estás seguro deberías ir con tu hermana a estudiar

Su madre le miró directamente a los ojos y Eric tragó saliva.

- No, lo llevo bien mamá. Además quedé con Mel
- Mel, Mel... No tendrías que quedar tanto con esa chica, y menos entre diario. Seguro que ella también tiene que estudiar

Mel, o Mélani, que era su verdadero nombre, era la novia de Eric. Ella siempre había estado colada por los huesos de él, pero Eric nunca se fijó en ella hasta que estaba en primero. Podía considerarse su primera novia estable, aunque hacía medio año habían tenido un periodo de separación en el que ambos conocieron a nuevas personas. Cinco meses después coincidieron por la calle y volvieron a retomar la relación. Como se suele decir, “donde hubo fuego, cenizas quedan”.

- Mamá, Mel está en su módulo muy contenta y lo lleva bastante bien. La semana que viene empieza ya las prácticas en una empresa y va a ser mucho más difícil que nos veamos. Quiero aprovechar el tiempo que pueda para estar con ella

La mesa volvió a quedarse en silencio. Eva seguía dando vueltas con el tenedor a las judias verdes de su plato. Pinchó tres o cuatro y se lo llevó a la boca masticándolas despacio y bebió un buen trago de agua para que el sabor desapareciera de sus papilas gustativas.

- Eva, o te comes las judías verdes o esta tarde te prohíbo salir- dijo su madre al verla jugar con la comida
- Es que no tengo hambre mamá...
- Tú nunca tienes hambre. Déjate de tonterías de dietas y de historias raras que te montas en la cabeza y acabate el plato

Eva bufó metiéndose otra pinchada en la boca y tragó sin apenas masticar. Echó en su vaso un poco más de agua y volvió a beber. Ya le quedaba menos. Cada pinchada significaba un paso más hacia la libertad de aquella mesa y la mirada amenazante de su madre.
Eric terminó su plato y se levantó para meterlo en el lavavajillas desapareciendo del comedor.
Cansada de disimular que iba a terminarse el plato entero, Eva aprovechó que su madre se levantaba a quitar la mesa para coger una servilleta y llenarla de esas hojas verdes tan poco apetecibles dejando unas pocas en el plato. Cuando su madre volvió a la mesa se lo enseñó.

- Mamá no puedo más, he comido más de la mitad

Su madre miró el plato y Eva le puso ojitos como los que el gato de la película de Shrek sabía poner.

- Está bien, pero esta noche no quiero que dejes nada en el plato

Eva sonrío y se levantó a recoger su plato deprisa antes de que su madre se arrepintiera de la decisión. Ya se encargaría de buscar alguna escusa para cenar menos esa noche.
Se dirigió hacia su habitación y abrió el armario. Observó toda su ropa por unos instantes. Tenía demasiada ropa como para elegir un solo conjunto para ponerse esa tarde. Pensándolo bien, tampoco tenía porque ir de película, la cita la tenía Tatiana, no ella, pero siempre le gustaba sentirse bien consigo misma. Tras mirar varias camisetas, pantalones y faldas se decidió por una camiseta de tirantes azul oscura un poco ancha y unos piratas vaqueros. Rebuscó en su zapatero y sacó unas cuñas del mismo color de la camiseta. Si, con eso iba informal pero elegante a la vez. Era una buena opción.

martes, 1 de febrero de 2011

Tercer capítulo


- Jorge III junto al Parlamento creyó oportuno que los colonos también deberían prestar ayuda a la reconstrucción del ejercito. Ese fue el detonante de la independización de América...

Eva no podía soportar otro segundo más escuchando ese somnífero de voz que hacía que sus párpados se cerrasen sin que apenas pudiese controlarlo. Miró el reloj y suspiró al ver que aun le quedaban veinte minutos más de esa dulce amargura. Su cuaderno estaba lleno de dibujos de corazones y frases de canciones que le ponían la piel de gallina. Todas ellas le recordaban a él, y era por esa misma razón por la que no se cansaba de oírlas una y otra vez. Él. Tan ambiguo y reservado. Tan extraño y sorprendente. Era capaz de hacer subir y bajar su autoestima en cuestión de segundos. No vacilaba ante ninguna de sus acciones, no dudaba a la hora de elegir. Directo, claro, conciso. Hacía que se estremeciera, que las rodillas le temblaran, que no supiera reaccionar cuando sus ojos se posaban ella. La cohibía.

- Chss

Miró hacía atrás y vio como Tatíana le hacía señales con un papel. Iba a tirárselo en cuestión de segundos y tendría que ser rápida si no quería que la profesora se diera cuenta de que no estaba atendiendo. Tal y como había supuesto, en menos de un minuto una bolita de papel rodó a sus pies. Eva fue rápida y se agachó en seguida cogiéndola y guardándola en su estuche. Después de volverse a girar y sonreír a su amiga, se dispuso a desdoblar el papel y lo estiró pegándolo todo lo que pudo contra su libro.

Hoy e kedao con Marcos. Tiene un amigo k se llama Luis, x lo visto esta buenísimo tía. Kieren que salgamos los cuatro, y siento decirte k le he dixo que si

Eva bufó meneando la cabeza y echó una mirada de desaprobación a Tatiana. Esta juntó sus manos y movió los labios diciendo “por favor” sin pronunciar ni un solo sonido. Cogió su pilot negro y respondió justo debajo.

Ni muerta. Cuantas veces tengo que decirte k tengo novio?

Hizo una bola con el papel y, aprovechando que la profesora escribía algo sobre las treces primeras colonias que se independizaron en la pizarra, la tiró para atrás. Tatiana leyó lo que ponía y poco después el papel volvió a caer sobre la mesa de Eva.

Hazlo x mi tía, Marcos me gusta muxo y no tienes xk hacer na con Luis, solo entretenerlo mientras yo m pierdo con el otro

Eva se mordió el labio. Era cierto que no tendría por qué hacer nada, pero sabía que no le iba a gustar ni un pelo a  Aarón. Aunque pensándolo mejor, tan sólo llevaban dos semanas viéndose, y podría decirle que iba a ir a dar una vuelta con Tatiana. Así cumpliría con ella y no dejaría de decirle la verdad.

Un dia de stos me matas a disgustos, k kede claro. A k hora y donde?

El papel volvió a sobrevolar la clase. Pero esta vez, Eva no se dio cuenta de que justo en el instante en que lo tiró la profesora la estaba mirando.

- ¿Otra vez andáis con conversaciones ajenas a mi clase? Veo que cada día os interesáis más por mis lecciones ¿verdad?

La clase entera se giro para mirar a Eva y esta notó como sus mejillas se encendían ante la mirada atenta de todos. Tatiana levantó la mano y la profesora le miró con semblante serio.

- Ha sido mi culpa, yo he empezado, y como bien sabe usted es de mala educación no prestar atención a una persona que le está hablando
- ¿Y si lo es hablar mientras otra persona intenta dar una clase?

Tatiana se encogió sobre si misma.

- Supongo que no...
- ¿Supone?
- No profesora, no es de buena educación, disculpe

La profesora se cruzó de brazos mirando a las dos chicas y se quitó las gafas.

- La próxima vez que tengan algo más importante que decirse que mi clase no se molesten ni si quiera en asistir

Eva no podía levantar la vista de su libro. En esos momentos lo que más hubiera deseado era levantarse y salir corriendo de aquella clase que no hacía otra cosa más que cuchichear sobre lo que podría haber escrito en esa nota, pero la profesora decidió no darle más leña al asunto y continuar con su clase, no sin antes haber hecho una anotación sobre ellas en su cuaderno negro.
Cuando la clase terminó, Eva recogió sus cosas lo más rápido que pudo y salió disparada por la puerta. Tatiana, al ver que su amiga no la esperaba, corrió tras de ella.

- ¿Dónde vas con tanta prisa?

Eva la observó mientras se recuperaba de la carrera que acababa de realizar para alcanzarla.

- A desaparecer de todo el espectáculo que hemos montado
- No dramatices que no es la primera vez que nos pillan
- Pues por eso mismo, a este paso me va a quedar hasta recreo, y a ver como me presento yo en mi casa con esas notas
- Mejor no pienses en eso. He quedado con Marcos a las seis y media en el centro comercial que está al lado de mi casa, sigues con la idea de venir ¿no?
- No sé... -Eva miró al suelo
- Oh venga, estabas ya convencida. Además, ¿no tienes curiosidad por saber cómo es Luis?
-  ¿Qué parte de la frase “tengo novio” no entiendes?
- Primero, no tienes novio, el hecho de haber salido un par de veces con un tío no te hace estar en el grupo de las amargadas, y segundo, mirar es gratis, y si encima el chico resulta ser majo pues mejor que mejor. Si no vienes vas a acabar arrepintiéndote y lo sabes.

Tatiana la miró sonriendo y Eva se dio cuenta de que, en realidad, llevaba toda la razón del mundo. Aarón aun no le había hablado de una relación estable y ella ya estaba haciendo planes de futuro sobre su vida junto a él. Seguramente él estaría ahora mismo en la barra del bar de su padre ligando con alguna clienta para que le dejara algo más de propina y ella andaba comiéndose la cabeza sobre si quedar o no con un par de amigos.

- Vale, tienes razón

Tatiana pegó un salto de alegría y ahogó un grito abrazándola.

- ¡Eres la mejor amiga que tengo! Pásate por mi casa a las seis y me ayudas a terminar de arreglarme- le plantó un beso en la mejilla y salió corriendo hacia la salida
- Me debes una, que lo sepas- gritó Eva, pero Tatiana estaba demasiado lejos ya para oírla y probablemente su mente ya no estaría en esa dimensión, sino en su enorme vestidor haciendo un inventario de toda la ropa que tenía. Volvió a andar en la misma dirección en la que lo había hecho su amiga hacía apenas unos segundos y sintió como empezaba a ponerse nerviosa ante su supuesta “cita a ciegas”