jueves, 20 de enero de 2011

Lucas

Se le entrecorta la respiración. Sus ojos por fin rozan sus pupilas. Sonríe. Parece algo ilógico. No puede estar ahí, en frente suyo, pero sin embargo la margarita que lleva en las manos así lo confirma. Un paso más. Nota la cercanía de su piel. Se siento paralizado. Dubitativo. ¿Qué hacer cuando el amor de tu vida se presenta por sorpresa ante ti? Puede quedarse quieto, esperar a que ella se aproxime más a él o, en su defecto, correr. Correr como si la vida le fuera en ello. Abrazarla de una vez, sentirla después de tanto delirar acerca de ese momento. Elige la segunda opción. Sus piernas comienzan a moverse más ágiles. Está corriendo. No puede atender absolutamente a nada del ambiente que les rodea. Sólo siente sus brazos, rodeándole, estrechándole. Una lágrima se desliza por su mejilla sin apenas inmutarse. Ya está, ya es suya para siempre. Lo sabe, pero la vergüenza le impide levantar la cara y mirarla directamente y es ella quien con sus suaves manos acaricia su rostro y le contempla en silencio. Aproxima sus labios a los de él. Despacio. Con cautela. Sus párpados se cierran y siguiéndola cierra los suyos también girando un poco su cara. Ahora debería de sentir sus labios. ¿Sabrán igual? Antes sabían dulces, muy dulces... Pero no nota nada y se extraño. Una sacudida de viento mueve su pelo haciendo que se estremezca y una luz intensa le ciega. Consigue abrir los ojos.


Se esfumó. Ya es de día. Mira al otro lado de la cama y ella no está ahí. No siente su mirada. No percibe su olor entre las sábanas. Suspira. ¿Conseguirá volver a tenerla entre sus brazos?




     . M A R G A R I T A S . D E . P A P E L .

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