miércoles, 2 de febrero de 2011

Tercer capítulo (segunda parte)

Durante el camino a casa no dejaba de pensar en cómo iba a decirle a Aarón que esa tarde no podría quedar con él para que no se diera cuenta de que le estaba mintiendo. Lo mejor sería mandarle un mensaje de texto, ya que cuando mentía la voz le titubeaba tanto que era imposible no darse cuenta de que no decía la verdad. Si, eso era lo más sencillo. Cuando llegara a casa pensaría que le podría poner. Mientras andaba, Eva hacía gestos con la cara y las manos como si estuviera hablando con otra persona a pesar de que sólo estaba ella en la calle. Al darse cuenta de este pequeño detalle se puso sería y miró a ambos lados para confirmar que nadie había notado ese fugaz destello de locura suyo y al no ver a nadie más continuó caminando poniéndose derecha.
Cuando abrió la puerta de su casa su madre la estaba esperando.

- Eva hija, siempre tarde. Tu hermano llegó hace un cuarto de hora por lo menos. Vamos la mesa ya está puesta y la comida servida, seguro que ya se ha quedado fría

Eva camino despacio hasta su habitación. Siempre que llegaba del instituto, su madre la recibía con la misma frase. Ella tampoco creía que llegara tan tarde. El camino la llevaba más o menos media hora y si se entretenía a la salida con alguien hablando quizá podría tardar un poco más, pero eso pasaba pocas veces. Dejó su mochila sobre la cama y fue hacia el comedor. Su hermano y su madre ya habían empezado a comer. Ocupó su sitio en la mesa y miró su plato con desgana. No tenía hambre y mucho menos de judías verdes.

- ¿Vas a hacer algo hoy enana?

Levantó la vista del plato y dirigió la mirada hacia su hermano. Eric era un año mayor que ella pero iban juntos a clase. Un problema con una úlcera de estómago provocó que el chico tuviera que repetir cuando estaban en cuarto y desde entonces no sólo tenía que verlo en casa, sino que también debía estar junto a él seis horas seguidas en el instituto. No es que se llevaran mal, normalmente compartían buenos momentos, pero a Eva la situación de su casa le agobiaba un poco y el hecho de tener que ir a clase (uno de los pocos momentos en los que podría despejarse,)con su hermano la hacía agobiarse más aun.

- Quedé con Tatiana para estudiar el examen de inglés del viernes

Los ojos verdes de Eric, heredados de su madre, se posaron el las pupilas negras de Eva, idénticas a las de su padre. Que él recordara ese viernes no iban a tener ningún examen de inglés, y si lo tuviera, él también necesitaría unas clases extras, este año no lo llevaba muy bien.

- ¿El examen de inglés?
- Si, ese que nos pusieron la semana pasada

Eva echó una mirada de súplica a su hermano.

- Ah, ya sé. Yo lo llevo bien, o eso creo
- Eric, si no estás seguro deberías ir con tu hermana a estudiar

Su madre le miró directamente a los ojos y Eric tragó saliva.

- No, lo llevo bien mamá. Además quedé con Mel
- Mel, Mel... No tendrías que quedar tanto con esa chica, y menos entre diario. Seguro que ella también tiene que estudiar

Mel, o Mélani, que era su verdadero nombre, era la novia de Eric. Ella siempre había estado colada por los huesos de él, pero Eric nunca se fijó en ella hasta que estaba en primero. Podía considerarse su primera novia estable, aunque hacía medio año habían tenido un periodo de separación en el que ambos conocieron a nuevas personas. Cinco meses después coincidieron por la calle y volvieron a retomar la relación. Como se suele decir, “donde hubo fuego, cenizas quedan”.

- Mamá, Mel está en su módulo muy contenta y lo lleva bastante bien. La semana que viene empieza ya las prácticas en una empresa y va a ser mucho más difícil que nos veamos. Quiero aprovechar el tiempo que pueda para estar con ella

La mesa volvió a quedarse en silencio. Eva seguía dando vueltas con el tenedor a las judias verdes de su plato. Pinchó tres o cuatro y se lo llevó a la boca masticándolas despacio y bebió un buen trago de agua para que el sabor desapareciera de sus papilas gustativas.

- Eva, o te comes las judías verdes o esta tarde te prohíbo salir- dijo su madre al verla jugar con la comida
- Es que no tengo hambre mamá...
- Tú nunca tienes hambre. Déjate de tonterías de dietas y de historias raras que te montas en la cabeza y acabate el plato

Eva bufó metiéndose otra pinchada en la boca y tragó sin apenas masticar. Echó en su vaso un poco más de agua y volvió a beber. Ya le quedaba menos. Cada pinchada significaba un paso más hacia la libertad de aquella mesa y la mirada amenazante de su madre.
Eric terminó su plato y se levantó para meterlo en el lavavajillas desapareciendo del comedor.
Cansada de disimular que iba a terminarse el plato entero, Eva aprovechó que su madre se levantaba a quitar la mesa para coger una servilleta y llenarla de esas hojas verdes tan poco apetecibles dejando unas pocas en el plato. Cuando su madre volvió a la mesa se lo enseñó.

- Mamá no puedo más, he comido más de la mitad

Su madre miró el plato y Eva le puso ojitos como los que el gato de la película de Shrek sabía poner.

- Está bien, pero esta noche no quiero que dejes nada en el plato

Eva sonrío y se levantó a recoger su plato deprisa antes de que su madre se arrepintiera de la decisión. Ya se encargaría de buscar alguna escusa para cenar menos esa noche.
Se dirigió hacia su habitación y abrió el armario. Observó toda su ropa por unos instantes. Tenía demasiada ropa como para elegir un solo conjunto para ponerse esa tarde. Pensándolo bien, tampoco tenía porque ir de película, la cita la tenía Tatiana, no ella, pero siempre le gustaba sentirse bien consigo misma. Tras mirar varias camisetas, pantalones y faldas se decidió por una camiseta de tirantes azul oscura un poco ancha y unos piratas vaqueros. Rebuscó en su zapatero y sacó unas cuñas del mismo color de la camiseta. Si, con eso iba informal pero elegante a la vez. Era una buena opción.

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