En la puerta de su casa cogió aire y sonrío. Lo había conseguido. Ahora sólo le quedaba pensar un plan para compensar a Aaron por no poder quedar esa tarde con él.
Mientras caminaba por la calle vio a su hermano sentado en un banco con Mélani al otro lado de la calle. Agachó la cabeza para hacerse la loca y continuó caminando. A Eva nunca le había caído del todo bien Mel. Era demasiado inmadura y picajosa para su hermano, siempre gritando y riendo escandalosamente. La sacaba de sus casillas. Con quien si se había llevado bien era con la otra novia de Eric, Lucía. Lástima que su hermano rompiera con ella y dejaran de verse. Le hubiera gustado llamarla en un momento tan duro como el que debió de suponer para ella la ruptura con su hermano, pero Eric le prohibió tajantemente cualquier tipo de relación o conversación con Lucía.
En otro momento, Lucía no habría hecho caso del pesado de su hermano, pero acababan de pasar por una época muy mala en su familia y Eric parecía el más afectado de todos, por lo que, por una vez en su vida, respetó la decisión de su hermano y no volvió a hablar con ella. De vez en cuando Lucía llamaba a su teléfono móvil, pero ella lo dejaba sonar y sonar hasta que la luz volvía a apagarse en señal de que al otro lado de la linea telefónica Lucía había pulsado la tecla roja de su móvil. Y ahora volvía a estar con Mélani, la pesada e irritante Mélani. No sabía que veía en ella. Para su gusto, tan si quiera era guapa. Pero, como dice el dicho “sobre gustos no hay nada escrito” y lo cierto era que desde que había vuelto a empezar con Mélani, Eric había vuelto a ser, más o menos, el de antes. Por eso Eva se alegraba de que Mel hubiera vuelto a aparecer en la vida de su hermano y de que hubiera sido capaz de sacarlo de esa depresión por la que había pasado. No había sido una buena época para ninguno de los dos, pero Eric se había tomado todo mucho peor de lo que ella lo había hecho, y no fue capaz de salir adelante hasta que volvió a ver a Mélani.
Mientras pensaba en las relaciones de su hermano, Eva caminaba despacio sin saber que esa tarde podría acelerarse el ritmo de vida a cien por hora.
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